La Atalaya (ed. para el público) — 1 de julio de 2012

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¿Vemos a Jehová como nuestro Padre?

EN CIERTA ocasión, un discípulo del Gran Maestro le hizo esta petición: "Señor, enséñanos a orar". Él le respondió: "Cuando oren, digan: 'Padre, santificado sea tu nombre'" (Luc. 11:1, 2). Jesús pudo haberse referido a Jehová con títulos tan sublimes como "Todopoderoso", "Magnífico Instructor", "Creador", "Anciano de Días" y "Rey de la eternidad" (Gén. 49:25; Isa. 30:20; 40:28; Dan. 7:9; 1 Tim. 1:17). Sin embargo, optó por llamarlo "Padre". ¿Por qué? Tal vez porque desea que nos acerquemos al Ser más grandioso del universo con la misma actitud con la que se acerca un humilde niño a su querido papá.

No obstante, hay personas a quienes les cuesta ver a Dios como Padre. Una cristiana llamada Atsuko admitió que ese fue su caso: "Aunque ya estaba bautizada, por años se me hizo difícil acercarme a Jehová y dirigirme a él como mi Padre". Y luego señaló un motivo por el que se sentía distanciada: "No recuerdo ni una sola ocasión en la que mi padre biológico me tratara con cariño".

En estos últimos días tan críticos, muchos hombres no demuestran el "cariño natural" que anhelan sus hijos (2 Tim. 3:1, 3). Por eso, no es de extrañar que tanta gente se sienta como Atsuko. Sin embargo, es alentador saber que tenemos sobradas razones para ver a Jehová como a un Padre que nos ama.

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