¡Despertad! — Junio de 2012

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Quizás uno se pregunte si logrará satisfacer las expectativas de Jehová. Ciertamente, la idea de servirle, cumplir siempre su ley y ser portavoces suyos puede resultar intimidante. Así le ocurrió a Moisés, quien no se sintió a la altura de su comisión de anunciar el mensaje divino a los israelitas y al faraón de Egipto. Pero Jehová no era irrazonable en sus demandas. Lo que es más, prometió darle el apoyo necesario: "[Te] enseñaré lo que [has] de hacer" (léanse Éxodo 3:11 y 4:1, 10, 13-15). Moisés aceptó la ayuda y por eso tuvo el gozo de hacer la voluntad divina. Hoy, Jehová es igual de comprensivo con nosotros. Sabe que somos imperfectos y desea ayudarnos (Sal. 103:14). Servirle como discípulos de Cristo no es una carga, sino una satisfacción, pues nos permite alegrar su corazón y mostrar amor al prójimo. En efecto, vemos cumplirse esta promesa de su Hijo: "Vengan a mí, [...] y yo los refrescaré. Tomen sobre sí mi yugo y aprendan de mí, porque soy de genio apacible y humilde de corazón" (Mat. 11:28, 29).

7 Si acudimos a Dios, recibiremos fortaleza y aliento. Así le sucedió a Jeremías, un hombre que no tenía facilidad de palabra. Cuando fue nombrado profeta, dijo: "¡Ay, oh Señor Soberano Jehová! Mira que realmente no sé hablar, pues solo soy un muchacho". Y tiempo después llegó a decir: "No hablaré más en su nombre" (Jer. 1:6; 20:9). Sin embargo, fue capaz de proclamar un mensaje impopular durante cuarenta años. ¿Cómo lo logró? Gracias a que Jehová le infundió ánimo. De hecho, le reiteró esta tranquilizadora garantía: "Yo estoy contigo, para salvarte y para librarte" (Jer. 1:8, 19; 15:20).

 

Comentarios  

 
+1 #1 Noel Salmeròn Flores 23-08-2012 16:40
Importante material para ayudar a las familias a mejorar su seguridad alimetaria y nutricional
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