Seamos modelos de conducta y ejemplos de castidad

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Seamos modelos de conducta y ejemplos de castidad

 Para ser un buen ejemplo, no basta con hablar de forma edificante. Si no pusiéramos en práctica lo que predicamos, seríamos como los fariseos. Pablo conocía bien la hipocresía de aquel grupo religioso y las consecuencias de su conducta. Por eso, más de una vez le advirtió a Timoteo que no cayera en ese error, sino que siempre fuera sincero (1 Tim. 1:5; 4:1, 2). Está claro que su joven compañero vivía la verdad, pues Pablo le escribió en su segunda carta: "Recuerdo la fe que hay en ti sin hipocresía alguna" (2 Tim. 1:5). Con todo, Timoteo debía esforzarse para que su sinceridad fuera evidente a los demás cristianos. Debía tener una conducta ejemplar.

11 En las dos cartas que Pablo escribió a Timoteo, le ofreció consejos relacionados con diversos aspectos de la vida. Por ejemplo, le dijo que no ambicionara riquezas, pues "el amor al dinero es raíz de toda suerte de cosas perjudiciales", y también le recordó que, "procurando realizar este amor, algunos han sido descarriados de la fe y se han acribillado con muchos dolores" (1 Tim. 6:10). El amor a las riquezas es un síntoma de debilidad espiritual, pero los cristianos que llevan una vida sencilla y se contentan con tener "sustento y con qué cubrir[se]" demuestran su progreso espiritual (1 Tim. 6:6-8; Fili. 4:11-13).

12 Además, Pablo señaló a Timoteo la importancia de que las cristianas "se adornen en vestido bien arreglado, con modestia y buen juicio" (1 Tim. 2:9). Las mujeres que demuestran modestia y buen juicio en su manera de vestir y arreglarse, así como en otros campos de la vida, dan un excelente ejemplo (1 Tim. 3:11). Pero este principio es igualmente aplicable a los varones cristianos, pues Pablo exhortó a todo aquel que fuera superintendente a ser "moderado en los hábitos, de juicio sano, ordenado" (1 Tim. 3:2). Si manifestamos estas cualidades en nuestra vida cotidiana, todos podrán ver nuestro progreso.

13 Timoteo también fue un ejemplo de castidad. Al utilizar este término, Pablo aludió a un aspecto de la vida muy específico: el de la moralidad sexual. Timoteo tenía que comportarse de manera irreprochable, particularmente al relacionarse con el sexo opuesto. Debía tratar "a las mujeres de más edad como a madres, [y] a las de menos edad como a hermanas, con toda castidad" (1 Tim. 4:12; 5:2). Ningún acto inmoral puede esconderse de Jehová, y es seguro que, tarde o temprano, también otras personas llegarán a enterarse. Pero eso mismo ocurre con las buenas obras que realiza el cristiano: no pueden mantenerse ocultas (1 Tim. 5:24, 25). Así pues, todos los miembros de la congregación tienen la oportunidad de poner de manifiesto su progreso siendo modelos de conducta y ejemplos de castidad.

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