La Palabra de Dios “es viva, y ejerce poder”

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Las esposas tenían sus amoríos extramaritales y los esposos tenían sus concubinas. Hasta muchachos adolescentes frecuentaban los burdeles y tenían amoríos con mujeres y hombres. El divorcio era fácil. Todo lo que un individuo tenía que hacer era decirle a su cónyuge delante de testigos: "¡Llévate tu propiedad!" No era raro que un matrimonio se separara,' se casara en otro lugar, se separara de nuevo y reanudara el matrimonio antiguo. Algunas mujeres se jactaban, como se ha conmemorado en sus tumbas, de haber tenido ocho esposos en cinco otoños.

El libro Roman Imperial Civilisation, por Harold Mattingly, comenta: "Había lugar para muchas virtudes de la vida privada, para devoción de marido y mujer, para lealtades de familia firmes. Pero había mucho que justificaba la protesta cristiana. Las normas eran demasiado bajas; la inmoralidad se enseñaba en el teatro y en los espectáculos públicos, y los matrimonios se emprendían y se disolvían demasiado fácilmente."

Cuando se trataba de comer y beber, en esto los romanos también manifestaban falta de gobierno de sí mismos. Sus banquetes muy a menudo se convertían en orgías. Se servían eméticos a los invitados para que pudieran vomitar en un lugar especialmente diseñado con ese propósito y luego volvieran a la mesa del banquete y continuaran participando del placer sensual de comer y beber.

Last modified on Jueves 11 de Octubre de 2012 02:42

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